miércoles, 20 de julio de 2016

LEO Y SU SUPER PODER (I)

Tengo tanto que contar que no sé por dónde empezar...

Me he tomado mi tiempo, no sabía si contarlo o no. Pero aunque no lo vaya a leer nadie, yo me voy a desahogar y explicar que sentí con la llegada de mi segundo hijo.
Y es que llevaba tanto tiempo esperando ese encuentro... Y nunca imaginé que sería de la manera en que ocurrió todo.

Desde antes de quedarme embarazada siempre quise que mi segundo parto fuera en casa. En la intimidad de nuestro hogar, respetando los tiempos y necesidades mías y de mi hijo. Pero ahora soy consciente de que no podemos decidir nada y menos la llegada de un hijo, porque al final, siempre es él quien decide cómo llega al mundo. Y creo que desde bien temprano tuve las primeras señales de que no sería como había imaginado, aunque yo me negaba a verlas.

Este segundo embarazo lo viví mucho más consciente, más serena y más tranquila hasta que llegó el tercer trimestre. Es ahí cuando todo se me empezó a desbaratar y lo único que quería era intentar asimilar todo lo que se me venía encima y acabar de disfrutar de ese momento.


Me dijeron que mi hijo estaba en una posición transversal y que si no se colocaba "bien" me deberían practicar una cesárea. Así que busqué alternativas como una desesperada desde el momento en el que salí de la consulta del ginecólogo. 
Empecé como una loca con la pelota, ya no era solo que me sentara a hacer los ejercicios, sino que desayunaba, comía y cenaba encima de la pelota. Hacía la postura del gato (yoga), me hacían cada día reflexología podal, caminaba a cuatro patas, saltaba, caminaba, subía y bajaba las escaleras del bloque donde vivo... incluso fui a que me hicieran un tipo de medicina china llamada moxibustión. Esto último, consiguió que se colocara hacia abajo!! Pero no por mucho tiempo...

Así que el jueves 19 de mayo, en la última visita con la doctora, esta me dijo que al día siguiente me harían cesárea, que ya no iban a esperar más y que por fin conocería a mi hijo. Aguanté como una campeona sin llorar en la consulta, pero cuando llamé a mi marido... ya no me pude contener. 

Al día siguiente conocería a mi hijo, pero era tanto miedo lo que sentía, tanta incertidumbre por lo que iba a vivir y tan poco tiempo para asimilar!

¡Besos y Feliz día!