viernes, 22 de julio de 2016

LEO Y SU SUPER PODER (II)

Le dije a mi madre que se llevara a Noa a su casa para que durmiera esa noche allí y yo poder "descasar" ya que a las 7 de la mañana tenía que ingresar en el hospital para la cesárea.
Pero después de recoger toda la casa, hacer y deshacer más de tres veces mi bolsa y la del niño (y volver a repasar), dejarlo todo como yo quería en casa para nuestra vuelta, darme el último baño con Leo dentro y hacernos unos selfies antes del día L... a las 24.40h rompí aguas!!!

Madre mía, no lo podía creer!! Cómo había pasado, cómo podía ser posible si el niño estaba atravesado y yo tenía la cesárea programada!!

Corriendo desperté a mi marido que no se lo creía, me metí en la ducha (esta si iba a ser la última ducha juntos), nos vestimos, respiramos hondo y nos fuimos para el hospital ilusionados porque pensábamos que Leo había vuelto a darse la vuelta y podríamos vivir ese momento que tanto habíamos deseado. 


Peeero, como ya dije, son nuestros peques los que deciden como venir al mundo y Leo venía con un nudo en el cuello y había metido un brazo en el canal de parto, así que todo se precipitó. Me metieron en quirófano sin poder decirle nada a mi marido, solo recuerdo mirarlo y sonreírle. Una vez dentro, todos empezaron a correr. Recuerdo que oí decir al cirujano que no quería fallos y que no había tiempo, de la nada salió una chica muy maja, me dijo que era la anestesista y que me iban a sedar entera, que no me preocupara por nada porque no sentiría nada. Me probó un par de mascarillas, con la segunda me dijo que me relajara y respirara tranquilamente y...

De repente noto que me despierto pero tengo mucho sueño, no sé dónde estoy y tengo frío. Escucho que alguien me dice que me tengo que despertar, que no puedo seguir durmiendo... Pero tengo sueño y quiero dormir!! Las voces me dijeron que si tenía frío, les dije que sí y de repente noté algo calentito, ya vi a las 3 voces que me hablaban y me dijeron que mi hijo estaba con su padre pero que yo tenía que seguir un rato más ahí y yo sólo podía pensar en mi hijo.
Quería tocarlo, olerlo, acariciarlo y saber que estaba bien, decirle que yo estaba bien y darle la bienvenida a este mundo como se merecía, como nos merecíamos.


¡Besos y Feliz día!